El dolor físico es algo que hemos experimentado todos alguna vez en la vida (o más bien varias), en mayor o en menor medida, con más o menos intensidad, pero es evidente que es una sensación conocida para todos. Cuando hablamos de personas que realizan deporte lo normal es que el dolor sea algo muy habitual en sus vidas; se reciben golpes, se sufren lesiones… Los deportistas deben aprender a convivir con él, a entrenar con él, a competir con él, y en muchas ocasiones, su capacidad para soportar mejor o peor el dolor será la diferencia para conseguir o no sus objetivos.

 

No todos vivenciamos la experiencia del dolor de igual forma, algunos tendremos mayor sensibilidad y lo sentiremos antes y otros tendremos una baja sensibilidad y soportaremos mayores niveles. Es más, ni siquiera una misma persona vivencia el dolor de igual forma en todos los momentos de su vida, y puede que tenga momentos donde lo soporte mejor y otros donde su capacidad de soportarlo sea más baja. ¿Y qué es lo que interviene en que soportemos mejor o peor el dolor?

  • Por ejemplo, la ansiedad es uno de los aspectos que influye en cómo se vivencia el dolor. Supongo que no hace falta aclararlo, pero a mayores niveles de ansiedad existe una mayor percepción del dolor en las personas, es decir, nos parece que el dolor que sufrimos es más fuerte de lo que realmente es, vaya, que nos duele más.
  • Otro de los aspectos que influyen en la percepción del dolor es el nivel de autoeficacia, esto es, cuando una persona se siente más capaz, más válido, soporta mejor el dolor que cuando no es así.
  • Otro aspecto que interviene en nuestra percepción del dolor es el propio miedo al dolor, cuanto más miedo al dolor tengamos, mayor dolor sentiremos.
  • Y, por último, me gustaría hablar de un último aspecto que influye en nuestra percepción del dolor: el apoyo social. Está demostrado que a iguales niveles de dolor la percepción de éste es más baja cuando la persona que lo sufre recibe apoyo de otras personas, es decir, las personas que están arropadas por otras cuando sufren dolor lo soportan mejor que aquellas que no lo están.

 

Como ya os habréis dado cuenta hemos hablado de variables psicológicas que “controlan” el dolor ¿Y qué conclusiones podemos sacar de todo esto? Pues bien, evidentemente el entrenamiento psicológico no va a hacer desaparecer el dolor, ni pretende sustituir remedios médicos, pero sí trabajando estos aspectos que intervienen en la percepción de éste conseguiremos controlarle: trabajando para disminuir la ansiedad, mejorando el nivel de autoeficacia, enseñando al deportista a controlar el miedo y teniendo en cuenta que el apoyo social es importante para así poder acompañar al deportista y ayudarle a construir una red de apoyo haremos que nuestros deportistas perciban el dolor de una forma menos limitante y así poder convivir mejor con él.

Virginia Sánchez Larriba