Sin duda, una de las peculiaridades (entre tantas) del deporte frente a otras profesiones es que la vida profesional de un deportista es mucho más corta que cualquier otra. Esto conlleva muchas cosas, por ejemplo, supone que un deportista alcanza su “madurez profesional”, es decir, llega al punto álgido de su carrera a una edad mucho más temprana que cualquier otro profesional, lo que supone en consecuencia que se crea una brecha entre su edad y su posición profesional.
¿Qué ocurre cuándo un deportista llega a la élite?
De repente el deportista, cuando llega a la élite, debe gestionar múltiples factores para los que, por su edad, quizás no esté preparado: gestión de la economía, negociaciones, gestión de la presión por los resultados, manejo de los medios…
El ser humano vive en una evolución continua desde que nace hasta el final de su vida. Experimentamos cambios en todos los sentidos, nuestro cuerpo, nuestro cerebro… Los años nos aportan enseñanzas y el tiempo nos aporta madurez y nuevas habilidades. Lo que ocurre cuando nos dedicamos al deporte es que nuestras vidas experimentan un acelerón mayor y de repente nos encontramos en un mundo para el que no hemos tenido la oportunidad de prepararnos.
Desde aquí queremos que podáis tener en cuenta unos básicos consejos para que no sintáis que la situación se os escapa de las manos:
1. Cuida tus redes sociales (y en este caso no nos referimos a Twitter, Instagram y demás) si no a esas personas que nos quieren y a las que queremos. Hay gente que ha estado siempre ahí, intenta pasar tiempo con ellos y escucharles ¡te recargarán las pilas!
2. Busca apoyo cuando lo necesites. Buscar ayuda no es sinónimo de debilidad, si no de inteligencia. Pregunta, consulta y busca apoyo siempre que lo necesites. Escucha todos los consejos que te den y quédate con aquellos que valgan la pena.
3. No te confundas, no sois ni tenéis que ser superhéroes ni superheroínas. A veces sentimos que no estamos a la altura cuando algo se escapa de nuestro control o cuando cometemos errores. A lo largo de tu vida deportiva vas a tener tropiezos, tanto los relacionados estrictamente con el deporte como los relacionados con aspectos fuera de él y no pasa absolutamente nada, no siempre tienes que actuar ni ser perfecto.
4. Disfruta tus éxitos y aprende de los fracasos. No te machaques con los segundos ni pases por alto los primeros.
5. Relativiza. No todo es siempre tan importante como parece. En ocasiones será necesario que te pares a pensar e intentes ver y valorar las cosas “desde fuera”. A veces nos sumergimos tanto en nuestros problemas que les aportamos una importancia que la mayoría de las veces no tienen.
6. Esfuérzate en no perder el norte. Cuando llegas a la élite tienes que afrontar y gestionar cosas que antes no estaban: gente nueva, demasiadas críticas y también demasiados halagos, medios, opiniones de todo tipo… Quizás a veces todo sea tan grande que necesites hacer un esfuerzo por no perder el norte y por no olvidar lo que es realmente importante en tu vida, es probable que cueste, pero ¡merece la pena!

Virginia Sánchez Larriba