Tener unas prioridades bien definidas es imprescindible para vivir, sin prioridades nada funciona. Sin ellas no sabemos en base a qué actuar, gestionamos mal nuestro tiempo y tenemos la sensación continua de estar desconectados de nosotros mismos y de nuestros objetivos. Sin ellas nos cuesta tomar decisiones, nunca nos sentimos seguros cuando lo hacemos o nos cuesta llevarlas a cabo.

 

Sin embargo, definir prioridades no es fácil. No es fácil sentarse con uno mismo y decidir qué es más importante para nosotros, qué preferimos, qué estamos dispuestos a dejar atrás. ¿Por qué? Porque habitualmente somos ambiciosos y aspiramos a tenerlo todo, no es fácil asumir que hay cosas que tienen que quedar en un segundo plano, queremos mejorar en todo, tener tiempo para todo, vivirlo todo y es por eso por lo que nos cuesta definir prioridades. ¿Por qué voy a renunciar a esto o a esto otro? Nos preguntamos. Pues porque a lo mejor, si no colocas algo por delante y algo por detrás intentando llegar a todo no consigues ninguna de las cosas.

 

Aún así, a veces, éste no es el problema. A veces sentimos que nuestras prioridades están definidas, pero nos cuesta comportarnos acorde a ellas. Nos cuesta dedicarle tiempo a aquello que consideramos por delante, nos cuesta comportarnos en función a ellas, y entonces ¿qué pasa? Que nos sentimos mal con nosotros mismos, frustrados, culpables, sin ganas, confundidos…

Probablemente, no es que no estés haciendo lo que tienes que hacer, ni que no estés actuando bien, ni que estés perdiendo el tiempo, es que es muy difícil comportarse en función a algo en lo que no crees, que no es lo que te mueve, resumiendo, que no es tu verdadera prioridad.

 

Para estar en consonancia con nuestras prioridades debemos tener en cuenta:

  • Define primero tus valores, es decir, en base a qué quieres que se rija tu vida. Cada uno tendrá los suyos, y todos son igual de respetables. Una vez los tengas claros tus prioridades tendrán que estar alineadas con tus valores.
  • Define también tus objetivos, así sabrás qué debes priorizar.
  • Asegúrate de que tus prioridades son tuyas y no las que crees que deben ser. A veces nos hacen creer que las prioridades están ya escritas, y no es así. No a todo el mundo le tiene que interesar tener cada vez más éxito laboral o deportivo, o sí; no a todo el mundo le tiene que interesar formar una familia típica, o sí; no a todo el mundo le tiene que interesar formarse mucho, o sí; para algunos su prioridad será amasar una fortuna, para otros vivir con poco, para otros viajar mucho, para otros no… Lo que quiero decir es que pienses siempre en ti y en lo que quieres colocar delante en tu vida, porque si tus prioridades no las decides tú nada podrá funcionar bien.
  • Ten en cuenta que pueden cambiar. Puede que durante una época de tu vida tu prioridad absoluta sea el trabajo y también puede que esto cambie y durante otra época tus prioridades sean completamente distintas, y así con todo. No te obceques, las prioridades cambian, no te ates a ellas.
  • Recuerda que tener prioridades no significa olvidar lo que no lo son. Las prioridades sólo marcan aquello en lo que debes invertir más tiempo, esfuerzo, ganas y energía, aquello a lo que mirar cuando te pierdas, aquello a lo que dirigir tus decisiones, sin embargo, no sólo debes dedicar dicho tiempo, esfuerzo ganas y energía a ellas, no lo olvides.

Virginia Sánchez Larriba