En estas fechas finaliza la temporada de muchos deportes (es probable que o tu temporada haya finalizado ya o bien esté a punto de hacerlo). Y cuando acaba la temporada es momento de sacar conclusiones, valorar el año y hacer eso de quedarse con lo bueno y aprender de lo malo. Todo esto parece sencillo, pero en estos momentos en el que nos encontramos de frente con el final y con unos resultados inmodificables ya es fácil que se nos amontonen sentimientos que, de alguna forma, hemos intentado dormir durante toda la temporada o que quizás aparecen de repente porque ni siquiera hemos tenido tiempo de sentirlos durante la competición.

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Una vez que nos hayamos permitido sentir lo que tengamos que sentir (alegría, tristeza, orgullo, decepción, placer, dolor, rabia…) es el momento de “enfriarse” y pensar en el objetivo que teníamos a principio de temporada para poder evaluar en qué punto hemos quedado al final. Quizás lo hayamos conseguido e, incluso, es probable que lo hayamos superado, entonces debemos pensar en qué es todo aquello que nos ha favorecido para conseguir ese buen resultado: qué conductas, qué rutinas, qué pensamientos, hasta qué personas han ayudado a que la temporada haya sido un éxito, porque todo esto será lo que querremos cerca en la próxima.

Pero podemos encontrarnos con la otra opción, más difícil de gestionar, que es la que están viviendo aquellos que no han logrado el objetivo que se habían propuesto. En este caso también podemos definir dos tipos de posibilidades. Puede ser que, por determinados motivos, nos hayamos quedado muy lejos de conseguirlo o puede que nos hayamos quedado a las puertas. Realmente, ambas opciones son dolorosas. Que en estos casos aparezcan sentimientos negativos es totalmente normal, pero debemos gestionar esta situación de la forma más positiva posible. ¿Qué podemos hacer?

Imaginad que la temporada ha sido un “desastre”, es decir, por una serie de motivos nos hemos quedado lejísimos de nuestro objetivo, pues bien, es momento de asumir que hay cosas que se han hecho mal, que los resultados no son los esperados y sobretodo es momento de dedicarnos a coger fuerza, energía y ganas para la próxima temporada. Para esto es indispensable tener claro que nosotros no somos unos malos resultados, ni una mala temporada, nosotros somos mucho más que eso (evitar todos esos pensamientos que a veces aparecen del tipo “soy malo”, “no sirvo para esto” o “soy un inútil”), y además recordar que dentro de un par de meses tendremos la oportunidad de volver a competir. Para ello deberemos reflexionar sobre nuestra próxima temporada, intentar planificarla, pensar qué es lo que queremos y qué es lo que podemos esperar de nosotros o nuestro equipo y actuar bajo esa planificación (la improvisación no suele ser buena compañera en estos casos).

Pero también está la otra opción, y es la de quedarse a las puertas del objetivo. Es posible que hayamos hecho una temporada para enmarcar y que hayamos tocado el objetivo con la punta de los dedos pero que no hayamos llegado a conseguirlo, en este caso, y en contra de lo que en un primer momento podamos pensar, esta opción es maravillosa. Sé que siempre se ha dicho que el cuarto puesto es el que más duele, y duele, no lo vamos a negar, pero eso no puede hacer que nos olvidemos de lo más importante: si nos hemos quedado a las puertas de nuestro objetivo es porque, indudablemente, hemos hecho un gran trabajo. En este caso no hay más remedio que sentirnos orgullosos, felicitarnos y ser conscientes de que estamos en el camino correcto. Para la próxima temporada sólo tendremos que retocar algunas cosas, y mantener las que nos funcionan. Hacer que lo que nos ha ayudado se convierta en hábito, en costumbre, y prestarle atención a aquello que queremos y podemos mejorar, pensar en cómo hacerlo ya que quizás esto sea lo que nos sume ese puntito que hará que la próxima temporada no nos quedemos a las puertas de nuestra meta, si no que las superemos.

Deportistas, entrenadores, cada resultado y cada temporada nos sirve de mucho, se cuál sea y sea cómo sea, sólo tenemos que saber gestionarlo y enfocarnos a lo que nos favorece. Y recordad, simplemente haber pasado una temporada haciendo lo que nos gusta ya es un logro.

Virginia Sánchez Larriba