Quiero dejar claro que todo esto sobre lo que estoy escribiendo, quizás, sea solamente una cuestión de gustos personales, pero siempre he pensado que no es agradable ver a deportistas fuera de sí mientras compiten, ni cabreados, ni siquiera un poco mosqueados. Bueno, realmente, lo que no es agradable es que lo muestren demasiado. Y algunos de vosotros me diréis: “Pero, ¡si no pasa nada!”

En ocasiones vemos a tenistas cabrearse consigo mismos durante su partido, gritar, hacer gestos o tirar raquetas al suelo y, a veces, incluso destrozarlas. Seguro que a todos se os está viniendo a la cabeza John McEnroe, un genio en esto (aparte de serlo también en otras cosas, al rey lo que es del rey). A veces, estos tenistas no pueden controlar su rabia y pierden los papeles; ¿y de qué vale esto? Pues, la verdad es que de muy poco, es más, puede perjudicarnos. Para empezar, le estamos dando una información valiosísima a nuestro rival de nuestro estado de ánimo, y esto es algo que debemos evitar a toda costa, especialmente en un deporte como el tenis. Para seguir, este tipo de conductas nos harán perder la concentración y salirnos del partido. Quizás muchos estéis pensando algo así como “A veces hay que desahogarse y soltar la rabia para poder seguir”, pues bien, no seré yo quien os contradiga, pero también existe otra posibilidad y es que estas conductas de rabia en lugar de disminuir ese sentimiento lo que hagan sea alimentarlo y aumentarlo; recordad que nuestra mente hace caso a nuestro cuerpo, y si nuestro cuerpo se comporta con rabia, la rabia en nuestra mente aumenta.

 

Este tipo de conductas también se dan en otros deportes de equipo, por ejemplo, en el deporte rey, ya que es el rey de esto. Por ejemplo, todos recordaréis cuando vimos a Luis Suarez propinando un mordisco a Chiellini. El caso es que este tipo de coductos no son del todo excepción. Desgraciadamente en el fútbol vemos de forma bastante constante este tipo de conductas: patadas sin balón, codazos, cabezazos… Lo “bueno” de este tipo de actitudes es que suelen estar castigadas y sancionadas, son las menos permitidas y, evidentemente, las peor vistas.

Pero esta furia también la dirigen los futbolistas hacia uno mismo, que es la opción que más podemos asemejar a la del tenista que antes comentábamos. Suele ser después de un error, o después de algo que el deportista interpreta como error, y les podemos ver haciendo aspavientos exagerados, con un gesto en la cara poco agradable e incluso dándose mensajes negativos e incluso malsonantes. Y muchos me volveréis a decir “¡Pero si no pasa nada!”, pues bien, todo esto puede aumentar la desesperación, la frustración, el diálogo interno negativo… Y podéis creerme si os digo que esto no va a favorecer el buen rendimiento. Trataos bien vosotros ya que si no nadie lo hará.

Que sí, que tendréis malos días, malos partidos, y os saldrán las cosas mal, y en esos momentos será cuando más os necesitéis a vosotros mismos. Tened paciencia, calmaos y comprendeos, intentad buscar soluciones, pero no os machaquéis porque, de verdad, no sirve de nada.

Virginia Sánchez Larriba