“Soy tímido”, “Soy miedoso”, “Soy muy nervioso”, “Soy despistado” “Soy … “

Son demasiados los “sois”, los “eres” o los “es” que usamos a diario. Nos pasamos la vida poniendo etiquetas continuamente. Todos los días, queriendo o sin querer, consciente o inconscientemente, tanto a nosotros mismos como a los demás. A veces están relacionadas con nuestra forma de ser (“soy impulsivo”, “soy tímido”, “soy vago”), otras veces se relacionan con el ámbito deportivo (“soy mal lanzador de penaltis”, “soy agresivo”, “soy mal comunicador”) o a cualquier aspecto de nuestra persona: ámbito laboral, familiar…

Como decimos, es algo que hacemos a menudo, pero ¿nos hemos preguntado si nos hace bien poner etiquetas?

La respuesta es NO, sin ninguna duda. De hecho, lo único que consiguen las etiquetas es:

  • Que asumamos como verdadera la etiqueta, sin cuestionarla y sin ver más allá.
  • Hacernos creer que no podemos dejar de ser “eso” que decimos que somos.
  • Entender esa etiqueta como algo que es y forma parte de nosotros. La etiqueta convierte el rasgo como algo inherente a nuestra persona, inamovible e inalterable.

Pero… ¿podemos cambiar lo que decimos que somos?

Por supuesto que SÍ. Somos lo que nos acostumbramos a ser; somos lo que, queriendo o sin querer, vamos entrenando a lo largo de nuestros días. No eres un cascarrabias, si no que te has acostumbrado a comportarte como tal, no eres vago, si no que te has habituado a dejarte vencer por la pereza…

Tanto los demás como tú mismo te habrás puesto muchas etiquetas a lo largo de tu vida. Habrá algunas que te gusten, otras que no tanto e, incluso, algunas que te gustaría borrar, entonces ¿qué hacer con ellas?

1º: Localiza cuál es la etiqueta que quieres eliminar.

2º: Saca esa etiqueta de ti. Como decíamos, no eres un cascarrabias, si no que a veces se apodera de ti la “mala leche”, no eres tímido, si no que a veces te puede la timidez, no eres vago, si no que a veces te gana la pereza, y así con todo.

3º: Comienza la lucha contra esa etiqueta. Piensa en las armas que tienes para luchar con la “mala leche”, con la timidez, con la pereza… y disponte a utilizarlas.

4º: Ten claro que no vas a vencer a tu etiqueta de un día para otro. Ella también tendrá sus armas y no se dejará vencer tan fácilmente, tendréis diferentes batallas y debes tener caro que no las ganarás todas. Ten paciencia, no te rindas y sigue luchando, esto será una carrera de fondo.

Virginia Sánchez Larriba