Expectativa. (Del lat. expectãtum, mirado, visto.) f. Cualquier esperanza de conseguir una cosa, si se depara la oportunidad que se desea.

 

Con esta definición nos encontramos en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia si buscamos la palabra “expectativa”.

Pero la palabra expectativa tiene mucha más importancia de la que le parece dar esta definición. Nuestras expectativas nos definen a nosotros mismos y, además, nos señalan el camino, nos lo facilitan o nos lo dificultan, nos empujan hacia delante, o nos arrastran hacía atrás, y es que de nuestras propias expectativas depende todo lo demás.

Somos nosotros mismos los que diseñamos nuestras expectativas, muchas veces sin saber que de éstas dependen nuestros esfuerzos y, por consiguiente, nuestros resultados. Intentaré explicarme un poco mejor. Imaginaos que un deportista no tiene ninguna expectativa para una determinada competición,  no se ha planteado ningún objetivo y no pretende conseguir en ella nada en especial, es decir, no tiene expectativas, ¿os hacéis a la idea de cuál será su nivel de esfuerzo al prepararse para dicha competición? Probablemente no todo lo elevado que podría, probablemente no se emplee a fondo, de hecho, quizás, no se emplee ni a la mitad de sus posibilidades, lo que hará que sus resultados no sean excesivamente buenos. ¿Y si las expectativas son gigantescas, desproporcionadas? Entonces ¿qué pasa? Pues probablemente que nos agobiemos, nos estresemos, y ni siquiera seamos capaces de sacar rendimiento a nuestro propio esfuerzo, y entonces ¿qué pasará? Pues probablemente que, de nuevo, nuestros resultados no sean excesivamente buenos.

Deportistas, entrenadores, si sabemos manejar nuestras expectativas, si sabemos definirlas bien y tenerlas claras, tenerlas presentes, darles importancia, y ponerlas a nuestra medida, es decir, no demasiado pequeñas pero tampoco demasiado grandes (hay que dar todos los pasos, no saltarnos ninguno), ellas mismas nos llevarán a donde queremos, porque las expectativas describirán nuestro esfuerzo, y éste hará que lleguen los resultados. Aprender a manejar nuestras propias expectativas es para un deportista tan importante como aprender un buen gesto técnico, y también tiene su dificultad, pero tranquilo, sólo hay que entrenarlo.

Recordad, nuestras expectativas nos definen, pero lo mejor de todo es que somos nosotros los que definimos nuestras expectativas.

Virginia Sánchez Larriba